Cambia de paradigma si quieres mejorar tu rendimiento



Las personas que alcanzan un alto rendimiento son distintas a los demás. Lo que les diferencia no está siempre en lo que saben (todos conocemos gente con grandes capacidades que no rinden acorde a su potencial). No se trata tanto de saber qué hacer, como de hacer lo que sabes. La realidad es que no aplicamos todo nuestro conocimiento y capacidades para resolver los retos a los que nos enfrentamos diariamente. Y es la falta de atención provocada por obstáculos internos o externos la que lo evita.


Hay 2 afirmaciones que se mantienen invariables acerca del rendimiento, bien sea empresarial, deportivo o personal, y son:

  • La mayoría de las personas tienen la capacidad para mejorar su rendimiento

  • Lo que la gente piensa que hace es muy diferente a lo que realmente hace

Entonces, ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestro rendimiento? La mayoría de la gente piensa que un estancamiento en el rendimiento es el resultado de una falta de conocimientos. Algo así como un modelo basado en la siguiente ecuación:

R = C + C

Rendimiento = Capacidad + Conocimientos

Por ello, las organizaciones gastan grandes cantidades cada año en formación y, mientras en muchas ocasiones, esto es necesario, adquirir más conocimientos no es siempre la mejor manera de mejorar el rendimiento para que nos conduzca a los resultados deseados.


La mejora del rendimiento va más allá de adquirir conocimientos. Se trata de aprovechar la capacidad inherente a cada uno, incrementando la confianza de los individuos en ella y mejorando los niveles de energía y pasión, para dirigir la atención a los aspectos claves en la mejora del rendimiento.


Debemos enfocarnos en levantar las barreras que impiden rendir con todo el potencial para alcanzar los objetivos marcados, introduciendo una nueva ecuación:

R = C - I

Rendimiento = Capacidad – Interferencias

Y para ser efectivos, hay que usar ambas. Añadir conocimientos cuando es necesario y reducir las interferencias que nos bloquean para mejorar nuestro rendimiento.


Son esas interferencias las que evitan que apliquemos y hagamos todo lo que sabemos. No importa si vienen de nuestras propias creencias o de factores organizativos o del entorno que están fuera de nuestro control, siempre desvían nuestra atención.


Se trata, por lo tanto, de concentrarnos en lo que es importante, fijar un objetivo y mantener el foco en él. Simplemente con eso, sin añadir ninguna fortaleza, rendiremos de una forma más eficiente y eficaz y seremos más capaces de capitalizar todo el conocimiento, la capacidad y el talento que hay en nosotros mismos y nuestras organizaciones.


Y esto ¿Cómo se logra? Pues entrenando. ¿Os imagináis a Nadal o Gasol únicamente compitiendo, sin entrenar?. Acabarían estancados en su rendimiento, ya que es durante el entrenamiento donde se pone el foco en aquellos aspectos que son realmente importantes mejorar, para luego aplicarlos en la competición


Pues eso es lo que hacemos en el ámbito empresarial; solo competimos y apenas dedicamos algo de tiempo a adquirir nuevos conocimientos (la primera ecuación). Y más rara es aun la vez que se dedica tiempo a “entrenar” (la segunda ecuación).


Con ese propósito, el coaching es la más eficiente y eficaz práctica – de hecho tiene su origen moderno en el ámbito del deporte -, ya que genera compromiso a identificar las prioridades de desarrollo y a llevar a cabo actividades que nos lleven a entrenar nuevas habilidades.


Ahora imagina la diferencia que ese “entrenamiento” podría marcar en tu carrera profesional y/o en tu organización….

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